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Edición de libros digitales con Sigil

Sigil es una aplicación libre, gratuita y multiplataforma (Linux, Windows y Mac) para la edición y gestión de libros electrónicos. Sigil auna las mejores funcionalidades de un editor de texto WYSIWYG (What you see is what you get o Lo que ves es lo que obtienes) con otras funcionalidades orientadas a la creación y gestión de libros electrónicos. Creado en 2009 por Strahinja Marković y actualmente mantenido por John Schember, Sigil se encuentra en estos momentos en su versión 0.7.4. (descargalo aquí)

La creación de libros electrónicos en formato EPUB presenta múltiples ventajas con respecto al uso de otros formatos digitales como el PDF. Uno de los más importantes es su capacidad de adaptarse a las diferentes pantallas de cualquier dispositivo de lectura disponible en el mercado. En el caso de una PC podés leerlos con Adobe Digital Editions 3.0 (descargalo aquí)

Las comparaciones con Calibre, el otro gran programa para la gestión y edición de ePubs son ineludibles. La principal diferencia entre ambos es que Calibre se encuentra mejor preparado para la gestión de colecciones de libros electrónicos (catalogación, clasificación, gestión de formatos, exportación al dispositivo de lectura, etc.), mientras que Sigil es una herramienta mejor preparada para la creación y edición del libro electrónico.

A continuación disponés de una guía rápida, pero podés consultar el manual del usuario, más completo, en el que se muestra cómo generar estilos y cambiar fuentes. (Manual del Usuario Sigil). En el taller de edición de Formación del Escritor en EMAC ya hemos diseñado algunos libros. Podés solicitarlos dejando tu correo en el comentario de la entrada. Te van a ser útiles para tomarlos como guía.

La interfaz de Sigil es simple y muy comprensible. En la parte superior observamos el menú principal del programa y los accesos directos a las funciones más comunes, muy similares a las de cualquier procesador de textos (negrita, cursiva, alineación…). Justo debajo del menú principal observamos tres áreas diferenciadas. La columna de la izquierda nos muestra la estructura interna de nuestro archivo ePub (capítulos o secciones del libro, imágenes, hojas de estilo…). En la parte central se encuentra situado el panel de escritura, que a su vez, es posible dividir en dos partes (split view) para ver y trabajar de manera simultánea con el editor WYSYWYG y con el código HTML generado. En la columna de la derecha Sigil nos muestra la tabla de contenidos de nuestro libro, que se irá generando automáticamente al marcar los diferentes apartados o capítulos con sus estilos de encabezado correspondientes.

sigil

Sigil también nos permite describir fielmente el documento que estamos creando con metadatos. En total, más de 200 campos diferentes.

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Finalmente, pulsando simplemente un botón podemos validar el código de nuestro ePub con FlightCrew , y comprobar si se encuentra bien formado. En caso contrario, el sistema muestra una lista con los errores encontrados.

FlightCrew

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Calvino y el nuevo milenio

calvino

Italo Calvino comenzó a preparar en 1985 una serie de conferencias en las que propondría rasgos centrales de los textos literarios para vencer al tiempo, para poder ingresar al nuevo mileno (este que estamos viviendo). Las conferencias nunca fueron brindadas porque el autor y crítico desapareció físicamente ese mismo año, una semana antes de comenzar el ciclo.

No obstante nos quedaron como legado cinco completas que fueron editadas en un ejemplar por Siruela y una sexta en borrador que trascendió pese a que se han efectuado muchas conjeturas al respecto.

Las propuestas de Calvino (y las conjeturas) serán el eje de nuestra próxima clase de Crítica Literaria. El texto completo del genial autor italiano se encuentra en la biblioteca de la cátedra en este blog. A modo de enunciación mencionamos las propuestas:

1- Levedad.
2.- Rapidez.
3- Exactitud.
4.- Visibilidad.
5.- Multiplicidad.

6.- ¿Consistencia? ¿Desplazamiento? 

Comprensión lectora Periodismo

Guía de lectura “Aquellos periodistas” de Osvaldo Bayer

 

  • En qué contexto se desarrolla la actividad que evoca Osvaldo Bayer.
  • Coloque un título a los párrafos 1, 3 y 5.
  • Elabore una cadena semántica con palabras afines al tema principal del texto que hayan sido empleadas por el autor.
  • Identifique en el texto al menos tres usos diferentes de las comas. Cítelos y explicítelos
  • ¿Qué periodistas menciona en su texto? ¿Por qué lo hace? ¿Qué valores encuentra en ellos?
  • Este texto es una argumentación. ¿Cuál es la hipótesis? ¿Cuáles los argumentos? ¿Qué se concluye?

 

 

 

 

Guía de lectura “Medios pelotudos” de Carlos Ares

 

  • ¿Qué juego de palabras efectúa el autor del texto en el título y cómo lo sostiene en el desarrollo del artículo?
  • ¿Cuál es el tema central de este artículo?
  • ¿Qué posturas confronta? ¿Cuál es la posición del autor frente a la problemática?
  • ¿Qué recursos cohesivos emplea el autor? Ejemplifique .
  • El epígrafe del artículo ¿establece para Ud. Algún tipo de información contextual ideológica importante?

La edición de libros de poesía en la era digital

(Texto toamdo del Blog colectivo de la Red de Humanidades Digitales de México)

Nadie puede negar que el universo de los libros es amplísimo, que entre un ejemplar y otro en una estantería puede haber diferencias abismales aunque a uno y otro lo compongan hojas y portadas. La variedad de libros y las maneras en que éstos pueden ser consumidos por el lector es un hecho evidente que, sin embargo, es olvidado comúnmente cuando se habla del impacto que las nuevas tecnologías han tenido y pueden tener en el mundo editorial. Es claro que, si los libros son diferentes, las nuevas tecnologías no impacten sobre ellos indistintamente. Es por ello que, basado en un enfoque contextualista como ha sido propuesto por John B. Thompson,[1] en este ensayo se examinan las nuevas tecnologías no aisladamente, sino entendiéndolas como herramientas inmersas en contextos particulares que condicionan su uso. Consecuentemente, se estudia exclusivamente el caso de los libros de poesía editada (e ideada) originalmente para su publicación impresa, los cuales tienen características idiosincrásicas y en los que, por lo tanto, las nuevas tecnologías han sido adoptadas de manera singulares. Dicho en pocas palabras: se estudian los condicionamientos sociales y circunstanciales de la tecnología en el caso de la edición de poesía. En este sentido, se realiza una lectura sociológica de la edición de poesía pensada para ser publicada en papel tras el surgimiento de las nuevas tecnologías.

 

No solamente tecnología, también contenido y contexto

 

 Las diferentes especulaciones sobre el hecho de que los libros electrónicos llevarían a la desaparición del libro en papel se basaban en dos ideas equivocadas.[2] En primer lugar, en una falacia tecnológica: “la idea de que, porque la tecnología existe para realizar algo, los consumidores inevitablemente van a usar esa tecnología”.[3] En segundo lugar, en la idea de que todos los libros son idénticos y son consumidos de la misma manera, y que por lo tanto las nuevas tecnologías impactarían en ellos por igual. En última instancia, se puede decir que estas especulaciones estaban basadas en un enfoque no contextualizado, el cual veía a la tecnología de manera asilada, sin considerar los elementos sociales que determinan su uso.

El hecho es que, sin excepción alguna, la tecnología está incrustada en un contexto social y su uso e implementación dependen de esto. Por consiguiente, las innovaciones tecnológicas deben ser estudiadas desde un enfoque contextualizado que tome en cuenta el contexto en el cual se incorporan y usan. Como Thompson ha argumentado, “las tecnologías deben ser siempre contextualizadas –esto es, tienen que ser siempre analizadas en relación con los contextos sociales específicos en los cuales son desarrolladas y usadas, y por lo tanto, en relación con lo que los usuarios realmente hacen con esas tecnologías, lo que quieren y por lo que están dispuestos a pagar”.[4]

En el caso específico del libro, este enfoque contextualizado es especialmente efectivo porque permite aprehender un elemento que usualmente no es considerado pero que es fundamental: los libros tienen contenidos completamente diferentes, con características disímiles y que son consumidos de muy diferentes maneras. Un enfoque contextualista permite estudiar cómo las nuevas tecnologías impactan en los libros de papel de distinta manera dependiendo de si pueden adicionar un valor a su contenido específico (y a la manera en que son consumidos) o no. Entonces, este enfoque alienta a “examinar los usos de las nuevas tecnologías en relación a los tipos específicos de contenido y los campos específicos de publicación, y a evitar la tentación de generalizar a partir de la experiencia de un tipo de contenido en un campo de publicación –el contenido y el contexto son cruciales.[5]

 

 La forma es el contenido

 

 Uno de los principales argumentos esgrimidos por los defensores de la idea de que el libro de papel desaparecería, es que éste es sólo un contenedor de ideas. “El libro es el contenedor del texto, no su esencia”.[6] Desde esta perspectiva, la importancia del libro descansa solamente en su contenido y no en sus propiedades físicas. “El contenido es realmente el rey”.[7] Así, el libro es un grupo de páginas de papel que funciona en su totalidad como un contenedor de información. Lo importante, por dar un ejemplo burdo, no son los libros de Nietzsche sino las ideas contenidas en ellos.

Se argumentaba que se daría una fácil transición de los libros a los libros electrónicos porque el elemento central para el consumidor es el contenido y no la manera en que es entregado. Por lo tanto, si los formatos digitales ofrecían una nueva y más eficaz manera de contener la información de los libros, éstos desaparecerían rápidamente. Para sustentar esto, se usaba como evidencia lo que sucedió con los reproductores de audio digital y la industria de la música, en donde en unos pocos años se dio una transición prácticamente total hacia los formatos digitales. Para los defensores del libro electrónico, lo sucedido con la música probaba que a los consumidores sólo les importaban las canciones y no si estaban contenidas en un vinilo, un CD o un iPod.[8]

Este argumento es deficiente por varias razones, entre las cuales destaca el que no termina por aprehender que los libros de papel son muy distintos entre sí y se consumen de diferentes maneras, haciendo que las nuevas tecnologías sean adoptadas de manera indistinta en cada uno de los casos. Lo anterior se vuelve claro en el caso de los libros de poesía: los defensores de la idea que el contenido es la única cosa que importa olvidan que en este tipo de libros las páginas no son meros contenedores de significado, sino un elemento indispensable en la constitución de significado del mismo. Sin la alineación, esto es, la división del texto en diferentes líneas y los llamados “saltos de línea”, la poesía no sería poesía puesto que estos recursos visuales son partes constituyentes del significado del poema.[9] Un buen ejemplo en donde los saltos de línea son los que construyen totalmente el sentido de los versos es el poema de William Carlos Williams “To a poor old woman”:

They taste good to her
They taste good
to her. They taste
good to her
[10]

 

Como Longenbach escribió, podría decirse que “la poesía es el sonido del lenguaje organizado en líneas. Más que el metro, más que la rima, más que las imágenes o la aliteración o el lenguaje figurativo, la línea es lo que distingue nuestra experiencia de poesía como poesía, frente a otros tipos de escritura”.[11] Denise Levertov dijo: “no existe a nuestra disposición una herramienta del oficio poético más importante, ninguna que produzca efectos más sutiles y precisos, que el salto de línea si es bien entendido”.[12] Otro poeta, Billy Collins tiene una opinión similar: “[…] la poesía viene en líneas, como la gasolina viene en galones. Si quieres el nombre de la criatura que es el poeta, es un homolinearum –son criaturas que hacen líneas”.[13]

Aunque es verdad para cualquier poema que el poeta construye el sentido de su creación a través de la alineación y el espaciamiento, fue durante el siglo XX que esas herramientas adquirieron una importancia excepcional. Las innovaciones fueron hechas no solamente en estos aspectos, sino también en términos de tipografía y elementos visuales. Ejemplos de esto es el futurista ruso Wassily Kamensky quien usaba diseños tipográficos inusuales, la poesía dadaísta que usaba técnicas de collage, o la poesía del italiano Filippo Tommaso Marinetti, la cual estaba plagada de signos matemáticos. Acaso el mejor ejemplo sean los poemas caligramáticos de Guillaume Apollinaire, en donde palabras y letras se componían de tal forma que manifestaban visualmente el contenido o tema del poema. De esta manera, “a finales del siglo XX existe un gran rango de trabajos completamente desarrollados, muy complejos, continuamente interrogados, en el cual las distinciones visuales y verbales son difíciles de sustentar”.[14] Con la poesía del siglo XX se vuelve evidente el hecho de que el aspecto visual del poema es tan importante como el verbal o textual.

Sin embargo, la gran mayoría de libros electrónicos que existen hoy en día no están diseñados considerando esta propiedad esencial de la poesía. Para que un texto se vuelva un libro digital, aunque esté en un formato digital, debe ser convertido a un formato digital particular que pueda ser leído en los dispositivos especialmente diseñados para ello (lectores de libros electrónicos o e-books, smartphones, computadoras, tabletas, etcétera). Hay varios formatos de archivo creados para este propósito. Con excepción del Kindle de Amazon, que usa su propio formato, la gran mayoría de dispositivos lectores de libros electrónicos o e-books (el Nook de Barnes & Noble, el Sony Reader, el iPad, el Papyre, el iRex Digital Reader y el Bookeen) y los teléfonos inteligentes (iPhone y los teléfonos Android y Windows Mobile) usan un formato llamado ePub.

Para que el texto se vuelva un archivo de ePub, tiene pasar a través de un proceso de “codificación” en el cual debe ser insertado en una hoja de estilos predeterminada y un “lenguaje de marcas” es agregado para incorporar información acerca de su formato.[15] El problema con los libros de poesía es que los formatos de archivos de libros electrónicos no tienen el lenguaje adecuado para describir y codificar a la poesía, ya que su “lenguaje de marcado” fue creado para describir fundamentalmente prosa y por ende no tiene la capacidad de describir los elementos visuales específicos de la poesía –por ejemplo los arriba descritos, la alineación y el espaciamiento. La explicación técnica es que: Hay mucho margen de error aquí debido a que el lenguaje de marcado carece de un vocabulario preciso para construir los bloques de poesía. El lenguaje no tiene descripciones específicas (o “etiquetas”) para elementos de la poesía tales como la línea o estrofa, así que tienes que usar elementos de la prosa como mejor puedas para asegurarte que los dispositivos desplieguen el texto correctamente. En términos de marcado, estas etiquetas improvisadas con descriptores poco precisos son llamadas “hacks”, y funcionan de la manera en que términos como “carruaje sin caballos” e “imagen en movimiento” alguna vez lo hicieron. Los hacks son son etiquetas imprecisas que no pueden capturar completamente lo que están tratando de describir.[16]

Una buena muestra del problema de convertir un poema impreso en papel a formato digital es lo que le sucedió al famoso poema de Allen Ginsberg “Howl” (“Aullido”) en la edición digital de sus Collected Poems de la editorial Harper Collins.[17] El poema está compuesto por largas líneas seguidas por otras más cortas que comienzan después de una sangría. En una carta escrita en 1956, Ginsberg explica la importancia de este acomodo visual: “estas largas líneas de estrofas, como las llamo, vienen espontáneamente como resultado del tipo de sentimientos que estoy tratando de expresar, y llegaron como una solución sorpresiva al problema métrico que me preocupó durante una década”.[18] Sin embargo, en la edición digital preparada por la editorial Harper Collins todas las líneas aparecen alineadas en el lado izquierdo. Las palabras son las mismas en la versión digital del papel y en la antigua versión en papel, pero el significado en uno y otro caso es clara y drásticamente diferente.

Como puede ser visto, hay un problema cuando los poemas son codificados en formatos digitales porque pueden perder esas características visuales que son una parte constituyente de su significado.[19] Otra cuestión problemática es que el mismo texto digital puede ser visualizado de diferentes maneras dependiendo del tamaño de la pantalla usada y el dispositivo empleado. Así, un mismo poema puede cambiar radicalmente si es leído en una computadora o en un teléfono inteligente. Cuando la poesía es leída en los lectores de libros electrónicos, la intención del poeta corre peligro de perderse porque las líneas y los espacios son modificados para que puedan acoplarse a la pantalla específica que está siendo utilizada.[20]

Otra elemento que generalmente se señala como una importante ventaja de los libros electrónicos, la posibilidad de ajustar la fuente y el tamaño de ésta, en el caso de la poesía se vuelve una desventaja. Cuando se aumenta o disminuye el tamaño de letra, los saltos de línea del poema se desarreglan y su sentido puede perderse. El estilo tipográfico, fundamental en algunos poemas, también puede ser puesto fuera de lugar.[21] En suma, “es muy difícil preservar los saltos de línea en ePub y otros formatos de libro electrónico: una de las formas en que el texto reajustable se adapta a las preferencias de los lectores en términos del tamaño de la fuente y el dispositivo de lectura es ceñir las líneas en la pantalla de forma diferente según esas preferencias”.[22]

Como se ha mostrado, debido a características específicas de la poesía, a la importancia del elemento visual para la conformación del sentido de los poemas, el impacto de las nuevas tecnologías no ha sido –hasta ahora– enteramente favorable para este tipo de contenido. Los libros electrónicos existentes no representan un avance, de hecho obliteran componentes fundamentales de la poesía. Sin embargo, los libros de poesía también tienen ciertas características que permiten que nuevas tecnologías adicionen valor a ellos., Abordaré ahora el otro lado de la moneda, el impacto positivo –en términos de adición de valor– que las nuevas tecnología han traído a los libros de poesía.

 

Capacidad de búsqueda y entrega

 

Los libros de poesía usualmente están conformados por diferentes poemas que no necesariamente tienen una conexión entre uno y otro.[23] Octavio Paz escribió: “La poesía no es la suma de todos los poemas. Por sí misma, cada creación poética es una unidad autosuficiente”.[24] Y, más adelante: “Los poemas permanecen y cada uno de ellos constituye una unidad autosuficiente, un ejemplar aislado, que no se repetirá jamás.”[25]Siguiendo estas ideas, puede decirse que los libros de poesía son colecciones de unidades autosuficientes, con su propio significado, autónomas del resto.

Contrario a otros tipos de libros que necesitan ser leídos en su totalidad para aprehender el significado de ellos, como las novelas, los libros de poesía sólo son leídos de manera fraccionaria. Los distintos poemas contenidos en un libro, comúnmente cortos (una página o dos), pueden ser leídos en cualquier orden. Además, la poesía usualmente no es una lectura sencilla y tiene que hacerse varias veces, con paciencia y atención. Estas propiedades hacen que se pueda adicionar cierto valor al contenido de los libros de poesía a través de las nuevas tecnologías. De hecho, hoy existen plataformas que han aprovechado esto. Aquí examino solamente tres, pero que constituyen una muestra representativa.

Lanzada en 2006, “Poem-A-Day”[26], fue creada por la organización sin ánimo de lucro Academy of American Poets. Es una plataforma que envía al correo electrónico previamente registrado un poema contemporáneo de lunes a viernes, y poemas clásicos durante los fines de semana. El correo electrónico enviado, además del poema, incluye un breve párrafo sobre éste, información sobre su autor y su trabajo reciente, vínculos a otros poemas relacionados por tema (separaciones y divorcios; guerra; nacimiento y paternidad; amor; poemas para adolescentes) y la posibilidad de compartir el poema fácilmente por medio de redes sociales como Twitter, Facebook, Email, Google Plus, Reddit y StumbleUpon. Por otro lado, “Poem of the Day”[27] es una plataforma creada por la The Poetry Foundation, una organización literaria independiente. Mediante ella se envían poemas clásicos y contemporáneos recitados por distintos poetas y actores. Otro proyecto interesante, promovido por la Biblioteca del Congreso en Estados Unidos, es “Poetry 180”.[28] Esta plataforma tiene como objetivo proveer a los profesores de secundaria estadounidenses un poema para ser leído durante la clase, cada día del año escolar, el cual dura 180 días,

Dejando de lado estas nuevas formas de enviar poemas de manera fragmentaria que aprovechan los rasgos particulares de la poesía y la forma en que esta es leída, otro aspecto importante en el cual las nuevas tecnologías pueden aumentar el valor de la poesía es en los mecanismos o herramientas de búsqueda. Los libros impresos tienen mecanismos de búsqueda que son bastante básicos, como los índices. En contraposición, en los textos digitales se pueden generar complejas herramientas de búsqueda en las cuales pueden ser buscadas palabras claves o nombres dentro de un texto o en varios simultáneamente. En el caso particular de los libros de poesía, si bien podrían servir para buscar palabras claves o conceptos, donde surge una oportunidad realmente novedosa de interacción dinámica es en las búsquedas dinámicas que pueden ser realizadas.

Un buen ejemplo para ilustrar esto es la aplicación “Poetry”, diseñada por The Poetry Foundation para el iPhone y iPad. En esta aplicación los poemas pueden ser buscados por autor, título o por palabra clave, pero también dependiendo del estado de humor del usuario (alegría, pasión, nostalgia, optimismo, aburrimiento, frustración, etcétera) o tema (juventud, envejecimiento, amor, naturaleza, espiritualidad, trabajo y juego, celebración). Adicionalmente, el dispositivo utilizado puede ser sacudido para obtener un poema con una combinación aleatoria entre estado de ánimo y tema. Estas oportunidades de mejorar las capacidades de búsqueda representan un importante paso certero hacia formas de “contenido individualizado” y de “cultura participatoria” en donde el usuario participa activamente en la producción del contenido que está consumiendo.[29]

Como muestran los cambios analizados, gracias al hecho de que la poesía puede ser dividida en unidades y de que es consumida fragmentariamente, las nuevas tecnologías han hecho posible un conjunto de nuevas formas de enviar poemas en correspondencia con sus características particulares. Asimismo, han impulsado una mejoría en las capacidades de búsqueda, permitiendo a los consumidores establecer acercamientos novedosos a la poesía.

 

Elementos multimedia

 

El impacto más significativo que han tenido las nuevas tecnologías sobre los libros de poesía ha sido en la posibilidad de agregar elementos multimedia para enriquecer su contenido. Acaso una de las mejores formas para dar cuenta de esto sea la aplicación para iPad, Blanco, desarrollada en el 2011 por Conaculta.[30] Debe enfatizarse que este no es un proyecto único en su caso, pero puede ser visto como un ejemplo representativo de las transformaciones en curso.[31]

Esta aplicación regresa a Blanco, uno de los poemas más importantes de la obra de Octavio Paz, con la intención de promover su trabajo usando deliberadamente las nuevas tecnologías como un mecanismo para hacerlo. Los resultados obtenidos permiten afirmar que fue un proyecto exitoso. Se mantuvo durante varias semanas como la aplicación más popular en la App Store mexicana y recibió uno de los Startup Awards México en la categoría de “Mejor diseño” otorgada por el influyente sitio web The Next Web.[32]

El poema Blanco, publicado originalmente en 1967, es abordado en la aplicación desde muy diversos ángulos. Ésta tiene una edición facsímil del texto con anotaciones manuscritas realizadas por el mismo Paz, así como correspondencia con su editor en torno a su publicación y fotografías y videos que hacen referencia al periodo de la vida del poeta en que fue escrito Blanco. También proporciona una serie de ensayos acerca del poema en cuestión, escritos por el autor y por otros especialistas. En una sección llamada “Galería” se presentan distintas interpretaciones que diferentes artistas han hecho de Blanco: una representación audiovisual del poema y composiciones musicales así como una serie de pinturas inspiradas en el mismo. La aplicación, a su vez, presenta lo que fue nombrada la “Librería Blanco”: varios textos que de cierta manera explican y acompañan el proceso escriturístico de Blanco. Entre éstos están otros tres poemas de Paz y uno de Stéphane Mallarmé, influencia central para el poeta mexicano, así como las traducciones de Blanco al inglés y al portugués.

Pero acaso la característica más interesante de la aplicación sea la manera de presentar el poema mismo. Ésta forma de hacerlo puede ser considerada como una radicalización o reactualización de la forma que originalmente ideó Paz para su poema. Blanco está compuesto por tres columnas que permiten la composición de tres distintos poemas independientes uno del otro, pero que simultáneamente forman un solo poema. En la aplicación se puede elegir, mientas se observa el poema escrito en la pantalla del iPad, que suene la voz de Octavio Paz recitando la columna de en medio, la de Guillermo Sheridan recitando la columna derecha y la de Eduardo Lizalde recitando la izquierda; o, en su caso, los tres leyendo alternadamente el poema entero. Es en este sentido que la aplicación permite una revitalización de la manera en que Paz pensó la interacción con su poema. Más allá: la opción de escuchar música de la India mientras se lee el poema activa una nueva manera de interactuar con él, retomando el hecho de que fue escrito durante una estancia de Paz en ese país y es, en buena medida, un diálogo con su cultura.

Para entender mejor la importancia que tuvo este poema en la carrera de Paz y en la historia de la poesía hispanoamericana, la aplicación desarrollada por Conaculta recupera una serie de videos con importantes intelectuales mexicanos hablando acerca del trabajo de Paz y, particularmente, del poema en cuestión. Estos “comentarios” también incluyen entrevistas con críticos literarios y poetas que evalúan diversos aspectos del poema (sus influencias, su impacto, el lugar que ocupa en la tradición poética, sus múltiples interpretaciones). Toda esta serie de materiales pueden ser escuchados mientras se lee el poema, para así poder seguir la argumentación que cada uno de los individuos hace sobre el poema.

Blanco es solamente un ejemplo de lo que puede hacerse gracias a las nuevas tecnologías con la poesía que en un inicio fue impresa en papel. Como muestra el caso del poema de Paz, incorporar nuevos elementos multimedia a un poema pueden resultar en novedosas formas de interacción y en la reactualización de otras ya existentes. Los poemas –como toda producción artística– pueden ser entendidos como universos que no solamente contienen en sí los versos que los componen, sino también una serie de lecturas y creaciones complementarias. Las nuevas tecnologías permiten aprehender esto y presentar productos en los cuales esté incorporado el universo de los poemas en cuestión, y con ello atizando que las lecturas y experimentaciones nunca terminen.

 

Conclusiones

 

La poesía tiene ciertas características que han hecho que la tecnología impacte de una manera particular en los libros que la contienen. Los elementos visuales son fundamentales en la composición del significado de los poemas, pero los formatos digitales de libros electrónicos existentes no toman en cuenta esto. A lo largo de estas páginas se analizó de manera empírica y desde una visión sociológica las maneras en que las nuevas tecnologías han impactado en estos libros de poesía impresos originalmente en papel. Éstos han sido estudiados considerando las innovaciones tecnológicas desde una perspectiva conextualista, es decir, concibiendo su uso y consumo como algo acotado por una serie de factores contextuales.

A pesar de que, como se vio, los lectores de libros electrónicos no hayan supuesto un sustituto ni desplazado a los libros de poesía impresos en papel porque socavan esta propiedad fundamental de su contenido, el hecho de que los libros de poesía estén compuestos por unidades singulares y autónomas ha permitido que se creen nuevas formas de entrega y de búsqueda de la poesía con ayuda de la tecnología. Adicionalmente, se han creado proyectos editoriales digitales tales como Blanco, la aplicación aquí analizada, que muestran que las nuevas tecnologías pueden traer ventajas en la incorporación de elementos que enriquecen y reconfiguran la manera en que el lector puede consumir la poesía.

Utilizando las herramientas de las ciencias sociales es imposible adivinar el futuro y lo que eventualmente sucederá con el contenido de los libros de poesía que, hasta ahora, fue impreso en páginas de papel. Sin embargo, después del análisis que aquí se ha hecho, puede suponerse que aquello que ha sucedido en los últimos años seguirá desarrollándose y que se mantendrán las tendencias ya existentes. Por un lado, parece que los libros electrónicos existentes, al menos aquellos que se venden masivamente, diseñados principalmente pensando en la prosa, no podrían remplazar a los antiguos libros de poesía en papel por una razón sencilla: no toman en cuenta el elemento visual, central en el caso de la composición poética. Por el otro lado, nuevos proyectos digitales como los analizados en estas páginas continuarán creándose y, de hecho, incrementándose. Nuevas tecnologías permitirán el desarrollo de formas novedosas de consumir poesía, diseñadas especialmente para este tipo de contenido y tomando en cuenta la manera particular en que es consumido.

Utilizando como estudio de caso los libros de poesía, estas páginas buscan demostrar en última instancia que no se debe pensar a la tecnología de manera aislada, sino siempre desde una perspectiva que tome en cuenta el contexto en el cual ésta se incorporará y será consumida. Sólo de esta forma podrán ser comprendidos cabalmente los procesos de transformación radical que están viviendo las distintas esferas de nuestra realidad, así como los objetos que han marcado nuestras vidas en los últimos siglos. El mundo editorial y el libro, por supuesto, no son una excepción.

[1] John B. Thompson. Books in the digital age: the transformation of academic and higher education publishing in Britain and the United States. Cambridge: Polity, 2005.

[2] Al respecto, como buenos ejemplos, véase: Prince, “Dead Again”, The New York Times. 10 Agosto 2012; Coover, “The End of Books Books”, The New York Times. Junio 21 1992.

[3] Thompson, Op. cit.: 317.

[4] Thompson, Op. cit.,: 317.

[5] Thompson, Op. cit.,: 318.

[6] Weisberg, “The Good E-Book”, The New York Times Magazine. Junio 4 2000.

[7] Gomez, Print is dead: books in our digital age. Londres: Macmillan, 2009: 191

[8] Gomez, Op.cit.,: 75

[9] Lennard, Poetry Handbook The poetry handbook: a guide to reading poetry for pleasure and practical criticism. Oxford, GBR: Oxford University Press, 2005: 153 ss.

[10] Williams, The collected poems of William Carlos Williams. Volume 1, 1909-1939. Litz, W.A. and MacGowan, C. Eds. Nueva York: A New Directions Book, 1991: 383.

[11] Longenbach, The Art of the Poetic Line. Saint Paul, Minnesota: Graywolf Press. 2008: xi.

[12] Levertov, “On the Function of the Line”, en Light Up the Cave. Nueva York: New Directions, 1981: 61.

[13] Collins, “Kindle isn’t kind to poetry (entrevista por Bill Radke)”, Marketplace, Julio 23 2010.

[14] Drucker, “Experimental, Visual, and Concrete Poetry: A Note on Historical Context and Basic Concepts”, en Experimental-Visual-Concrete. Avant-garde poetry since the 1960s. Jackson, D., Vos, E. and Drucker, J. eds. Amsterdam, Atlanta: Rodopi 1996: 39

[15] Salario, “Breaking  the  Poetry  Code The  future  of  poetry  e­books,  and  why  it’s  not  what  you  think.” Poetry Foundation, 10 Noviembre 2010.

[16] Salario, Op. cit.

[17] Morgan Teicher, ”This Is Not Allen Ginsberg’s “Howl”, Publishers Weekly (PWxyz Blog), 6 Octubre 2010 y O’Neal Parker, “Poetry’s tense relationship with e­readers”, The Washington Post, 15 Marzo 2013.

[18] Ginsberg, “Letter. May 18, 1956. Allen Ginsberg [San Francisco] to Richard Eberhart [Nueva York], en: Howl on Trial: The Battle for Free Expression. Bill Morgan, B. and Peters, N. eds. San Francisco: City Lights Books, 2006: 41

[19] Habría que señalar matizar esta aseveración subrayando que si bien hasta ahora el EPUB no funcione para describir y codificar poesía, es posible que en un futuro logre hacerlo. Su desarrollo ha sido dinámico. Podemos pensar que, si alguien decidiera avocarse a ello, se podrían generar las descripciones específicas necesarias para los versos y diseñar un lenguaje de marcado pensado para la poesía.

[20] Collins, “Kindle isn’t kind to poetry (entrevista por Bill Radke)”, Marketplace, 23 Julio 2010 y Italie, “Poetry joins e-book stampede. Publishers struggle to address  issues  about format”, The Columbian: 26 Mayo 2013.

[21] Brown, “Poetry Extinguished by Kindle?”, Huffington post United Kingdom (Culture), 20 diciembre 2011.

[22] Morgan Teicher, “Diverging Digital Roads: Poetry and E-books”, Publishers Weekly. 28 Marzo 2011.

[23] Excepciones a esto son los poemas largos, aquellos que por su extensión conforman un libro por sí mismos. Los poemas épicos como la Ilíada, la Odisea, la Eneida y el Mahábharata, así como BeowulfParaíso perdido de John Milton, los Cantos de Ezra Pound o el Canto General de Pablo Neruda, son buenos ejemplos. Sin embargo, incluso estos poemas largos incluso pueden ser divididos en varias fragmentos sin perder su significado porque frecuentemente están compuestos por unidades autónomas. Esto es claro en Cantos de Ezra Pound, el cual está compuesto por 120 secciones, o el Canto General de Neruda que está constituido por quince secciones, a su vez conformadas por 231 poemas individuales.

[24] Paz, El arco y la liraEl poema, la revelación poética, poesía e historia. México: Fondo de Cultura Económica, 1956: 6.

[25] Paz, Op. cit.,: 8.

[26] El sitio web oficial del programa: http://www.poets.org/poemADay.php (consultada Noviembre 2014).

[27] El sitio web oficial del programa: http://www.poetryfoundation.org/features/audioitem/3984 (consultada Noviembre 2014).

[28] El sitio web oficial del programa:: http://www.loc.gov/poetry/180/ (consultada Noviembre 2014).

[29] Gomez, Print is dead…: 113; Jenkins, Convergence culture: where old and new media collide. Nueva York; Londres: New York University Press, 2008: 3.

[30] Esta aplicación puede ser descargada gratuitamente aquí: https://itunes.apple.com/mx/app/octavio-paz-blanco/id484285852?mt=8&ls=1 , consultada Noviembre 2014.

[31] Otros casos similares son: “The Waste Land” creada por Touch Press and Faber; “The Sonnets by William Shakespeare” de Touch Press; “The Poetry App” creada por Josephine Hart Poetry Foundation; “Muerte sin fin de José Gorostiza” y “Amado Nervo, El fantasma soy yo” también desarrolladas por Conaculta. Todas ellas pueden ser descargadas en la App Store de iTunes.

[32] Heim, “Top Mexican iPad app showcases poems by Nobel Prize for Literature Octavio Paz”. The Next Web. 8 diciembre 2011; Staff, Mexico’s Top iPad App? An Octavio Paz Poem!”, Poetry Foundation (Harriet: a poetry blog). 9 diciembre 2011; y González, “Un premio nobel en el IPad”, Cuello Blanco Magazine. 20 diciembre 2011

Lecturas complementarias

abelardo-castillo

En Crítica Literaria nos formamos también a través de lecturas complementarias. Es siempre interesante ingresar al Lado B de los textos y cuando un autor nos lo permite no podemos desaprovecharlo. El jueves rendimos homenaje a Abelardo Castillo y por eso llegaron Las panteras y el templo, este es el  postfacio que aparece en la edición de sus obras completas. Lo dejo para los alumnos y los curiosos y también como un modo de agradecer a Abelardo no solo su literatura, sino que además su generosidad.

 

Posfacio a Las panteras y el templo

En 1972 se publicó en Chile una colección más o menos completa de mis cuentos. Incluí en ese volumen algunas piezas inéditas de este libro, y cedí finalmente a una idea que me persigue desde la adolescencia: ordenar mis cuentos bajo un título único. De ahí, Los mundos reales. Hace años vengo sintiendo que, realistas o fantásticos, mis cuentos pertenecen a un solo libro. Y la literatura, a un solo y entrecruzado universo, el real, hecho de muchos mundos. Vasta y diversa región de la que no son ajenos la reflexión sobre el destino del hombre, el puro amor por la palabra y sus esplendores, o el testimonio político; país cuyos límites naturales van mucho más allá de las tierras de la locura y el sueño. Las otras puertas (1961), Cuentos crueles (1966), son y no son libros autónomos. Son, en rigor, etapas o momentos de un ciclo de historias cuya última página todavía no he escrito. O al menos, espero no haber escrito. Las panteras y el templo es apenas otra puerta de ese libro, Los mundos reales, único libro de cuentos que comencé a inventar antes de los 18 años, que crece y se modifica conmigo, y en el que encarnizadamente trabajaré toda mi vida. No se trata de un mero simulacro de orden, o de que a los cuarenta años me empiece a sentir más o menos póstumo. Así como hay poetas que han escrito una sola obra (pienso en Hojas de hierba, de Whitman; en Las flores del mal, de Baudelaire) yo siempre quise ser autor de un solo libro de cuentos. Compruebo que ya no van quedando escritores ascéticos, que se escribe de más y se publica demasiado: me basta entrar en una librería o leer el catálogo de una casa editora para alarmarme ante el porvenir de la literatura contemporánea; reducir a uno los libros de cuentos que escriba tiene (por lo menos en un sentido numeral, y para mi sola paz interior) la ventaja de achicar un poco mi colaboración con el olvido.

Suele reprochárseme que publique poco. También se me reprocha que corrija demasiado, que las reediciones de mis dramas y mis relatos nunca coincidan con la anterior, que desaparezcan párrafos y hasta historias enteras de mis libros. Nadie habló mejor que Valéry de esta manía de alargar hasta el vértigo la composición de los textos literarios, de esa orfebrería “de mantenerlos entre el ser y el no ser, suspendidos ante el deseo durante años, de cultivar la duda, el escrúpulo y los arrepentimientos, de tal modo que una obra, siempre reexaminada y refundida, adquiera poco a poco la importancia secreta de una empresa de reforma de uno mismo”. Yo también creo que hay una ética de la forma, yo también creo que ningún escritor puede afirmar honradamente que una obra está terminada sino a lo sumo postergada, y que publicarla por cansancio (o por cansancio destruirla) es accidental. No estoy de acuerdo con el modo de producir de mi generación, incluso estuve por escribir de mi tiempo. Y quizá debí escribirlo. Ya no se publican libros; se publican libretas de apuntes. Se manda a imprimir la primera versión de un texto y se le llama contraliteratura, o novela abierta, o antipoema. No hablo de obras como Ulises,  en las que el caos y la desesperación formal son justamente eso: desesperación de la forma. Hablo de quienes no se han puesto a pensar que para llegar al desorden y al vértigo del último Joyce hay que haber empezado por la transparencia de Dublineses, hay que haber llegado a no poder escribir de otro modo. La forma no es más que eso: el último límite de un artista, su imposibilidad de ir más lejos. Puede que algún lector se pregunte qué tiene que hacer esta declaración de principios estéticos en un libro de cuentos. Cierto; yo también me lo pregunto. Mi propósito era, en su origen, mucho menos espectacular. Sencillamente quería explicar lo que ya he dicho sobre Los mundos reales y develar algunos secretos privados. Por ejemplo, este libro se llama Las panteras y el templo por error. La frase de la que tomé el título es de Kafka (Aforismos sobre el pecado), y, en las dos traducciones  que poseo, no dice panteras sino leopardos. Ignoro si alguna vez leí otra versión, o si sencillamente  mi memoria mezcló los nombres de dos animales que fundamentalmente son el mismo –ya que la  pantera no es sino un leopardo negro–, pero sé que desde los veinte años no puedo dejar de imaginarme a esas nocturnas joyas de Dios bebiéndose el vino de los cántaros: no consigo ver leopardos. Soy incapaz, lo confieso, de renunciar a la palabra pantera: tenía diez años cuando leí El  libro de las Tierras Vírgenes, de Kipling; nunca amé a otro animal de la realidad o la ficción como a Baghera, la pantera negra. Cambiar el título de mi libro por un mero escrúpulo textual me parece una infidelidad mucho mayor que citar mal a Kafka.

La cita de Gógol que abre el volumen no me pertenece. No quiero decir que le pertenece a Gógol, sino que la tomé de un libro de Félix Grande. “Noche para el negro Griffiths” puede leerse como una discusión o una deuda. La primera versión de mi cuento es de 1959, pero lo terminé mucho después de haber leído “El perseguidor”. La tradición asegura que el plagio es la forma más sincera de la admiración: lo mismo vale para algunos desacuerdos. La trompeta, el hot, el barrio porteño de Barracas, opuestos al saxo, al bebop, al París de Cortázar, son polos de una velada discusión estética y momentos de mi deuda con un cuentista admirable . “Crear una pequeña flor es trabajo de siglos”, su título, es uno de los versículos de los Proverbios del Infierno, de Blake; en cuanto al relato en sí mismo, ningún lector argentino dejará de notar que la primera frase (“Soy un escritor fracasado”) alude deliberadamente a uno de los cuentos más atroces de Roberto Arlt. Al escribir “Crear una pequeña flor…”, no pretendí mejorar una historia que juzgo inmejorable, pero tampoco escribir la misma historia. Cuando leí “Escritor fracasado”, tuve una intriga: ¿cómo se comportaba ese hombre fuera de la literatura?, ¿qué le pasaba, por ejemplo, con una mujer? La única manera de averiguarlo era escribir yo mismo el cuento. Más de un crítico ha confundido al personaje de Arlt con el hombre que lo inventó: no pierdo las esperanzas de que me pase lo mismo. No me importa. Por otra parte hablo allí explícitamente de mi generación y hasta de mí, sólo que digo despreciar más de una cosa que amo. De cualquier modo, hay malentendidos inevitables: siempre existirá un crítico convencido de que Tolstoi era un caballo llamado Midelienzo y Kafka el mono que redactó Informe para una academia. Escribiendo aprendí por lo menos dos cosas. La elemental decencia de no negar mis fuentes, y otra, que pareciera ser su revés exacto: el no creer demasiado en la paternidad literaria de ciertos temas o ideas. El horror de mis cuentos no viene de Alemania, escribió Poe, viene de mi alma. Más o menos pienso lo mismo de la literatura en general. Explico las dos cosas de otro modo: a un escritor colombiano le pareció deslumbrante, en “Crear una pequeña flor…”, la idea de que a la realidad le gusten las simetrías. Es deslumbrante, lo reconozco. Es de Borges.

Abelardo Castillo, en Cuentos completos, Alfaguara, 1997